El bosque se acaba y se hace de noche
camino a oscuras por un largo pasaje
y me encuentro con un pueblo sin nombre,
sin luz, sin vida y sin habitantes.
Las calles vacias susurran el sonido del viento
y las casas, antiguas, son testigos
de cuánto tiempo reina aquí el silencio,
de cuánto tiempo hace que sucumbieron en el olvido.
Escucho los sonidos de la oscuridad
y espero a que salga el sol.
No temo a nada, solo quiero esperar
usando el silencio como relajación.
Investigo en las viejas mansiones,
rebusco recuerdos en las cantinas,
atrás quedan las luces de colores
y las fiestas que aparecen en viejas fotografías.
Los sueños me guian lentamente
buscando solamente medios para cumplirse.
Y, mientras veo al sol abrirse paso por oriente,
me doy cuenta de que es el momento de irse.
Es un destino de una noche intensa,
una única noche que recordarás,
de la misma nada quedarás presa
si viajas a las ruinas de Rethergan.
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