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Vivero de poemas de toda una vida y de las de aquellos que pasaron cerca. Libre de prosa desde el 2012. Antiguamente, Poesías de una Noche de Verano
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domingo, 9 de junio de 2019

El viaje a Avgiduil VI

Salgo de la ciudad laberinto
y llego a un acantilado, donde una isla
se ve imponente y solitaria
como si fuera el final del camino.

Mis miedos se presentan
delante mía e intentan detenerme,
vendiéndome la mentira
de que agoté toda baza buena.

Meses y meses de batalla,
meses de ver cómo la tormenta sigue.
Pero mis miedos no saben
que siempre guardo un as en la manga.

Los tiempos han cambiado
y no soy el señor de mi preciado tiempo.
Que lucho en vano sin saber
que mis minutos están ya determinados.

Que la única magia restante
no es el agua que fluye ni el fuego feroz.
Que ahora soy un huracán
de energía positiva y recalcitrante.

Que soy un legado en curso
de ser cumplido. Los sueños y esperanzas
de aquellos antes de mí
son mi aliento, mi causa y mi impulso.

Por eso venzo mis miedos,
recupero las fuerzas y mi vida se vuelve
huracanada y luminosa,
mientras logro volver a alzar mi vuelo.

La última isla sabe a verano,
es pequeña, es muy verde, con las vistas
del vasto mar alrededor
y, en el centro, con un hermoso naranjo.

Los viejos mundos sucumben
y los paradigmas de mi magia innata
sufren una revolución total
que me hace acercarme a las nubes.

Sentado bajo el naranjo
comprendo que volar no era el fin,
sino el comienzo:
la clave es llegar al punto más alto.

Y ahora, con un mundo
lleno de posibilidades y misterios,
recupero las fuerzas
para llegar donde mi miedo nunca pudo.

miércoles, 10 de abril de 2019

El viaje a Avgiduil V

Vuelo a la nueva ciudad,
un conjunto de edificios
todos exactamente iguales
colocados todos igual
como si fuera un laberinto.

Llegando a la entrada,
me adentro en el dédalo
de ladrillo y de metal.
De pronto, algo pasa:
el viento trae unos pétalos.

Parece que hay alguien
aparte de mí en estas tierras.
Una figura grácil y esquiva
ha sabido encontrarme
entre mis sueños y poemas

La persigo por las calles,
noto que me acerco más.
Se esconde en un edificio,
pero puedo darle alcance
y una respuesta encontrar.

La figura esquiva trata
de tomar un ascensor
pero le doy alcance antes.
La sorpresa es bien grata:
es mi antimusa, mi bella creación.

Desde antes de la ninfa
del agua no la había visto.
Una parte de mi pasado
que adora vivir fantasías,
a ayudarme ha venido.

A estas alturas creía ya
que me quedé sin fuerzas.
Pero una parte de mí
nunca dejará de soñar:
es mi instinto de supervivencia.

Mi antimusa me abraza
y me da un dulce beso.
Cierro los ojos para ver
al abrirlos que estaba
en la soledad de nuevo.

Ese beso fue un hechizo,
símbolo de un buen presagio.
La aventura continúa
se acerca ya mi destino
mejor seguir caminando.

domingo, 7 de abril de 2019

El viaje a Avgiduil IV

Luz mágica en mano,
la cueva parece menos peligrosa.
Cristales incrustados
hacen de las paredes una noche
llena de estrellas y constelaciones.

Se oyen susurros
con vestigios de viejas creencias.
Mis versos más puros
no sabían nada de amor y ahora
con el caos el saber me desborda.

Hay grandes abismos.
En esta cueva cuyo único monstruo
soy yo mismo
de tanto mirarme con la turbia lente
del desprecio que llevé casi siempre.

Mas este viaje es
tan solo porque aquellos demonios
se fueron al querer
llevar un nuevo rumbo en mi vida,
uno con nuevos reinos y poesías.

Y por esa razón,
salgo de la cueva y me encuentro
el calor del sol
y una llanura colorida y más vasta.
Estoy ya en tierras muy lejanas.

Armado de fuerzas,
alzo el vuelo para ver el lugar del todo.
Un río que comienza
en las montañas de las que vengo
recorre el bello paisaje en silencio.

Un viento sopla
y algo brilla hermoso en la distancia.
Mi magia logra
llevarme allí en lo que dura un suspiro
para ver lo que me depara el camino.

Un acantilado
en el que el río termina mientras
un objeto extraño
vuela brillando hacia una ciudad
que parece ser la parada final.

sábado, 6 de abril de 2019

El viaje a Avgiduil III

Dejo atrás tal bello limonero
y sigo hacia la cima de la isla
y una esfera de piedra.
Toco aquella esfera y resuena
una conocida melodía
de otros tiempos.
Pueden ser nuevos lugares,
mas son viejos los guardianes.

La bola de los sueños se abre,
me muestra imágenes etéreas,
fantasías evanescentes.
Despierta aquí mi inconsciente,
entre visiones psicodélicas
y una parte de mí a abrazarme
vuelve después de años,
después de embarques y naufragios.

La bola de los sueños y su brillo
se transmiten a todo el suelo
y me hacen sentirme liviano.
Ahora levito, subo mas alto,
y burbujas extrañas mi vuelo
acompañan con mucho estilo.
Una llamada a los vientos del este
y vuelo probando valía y suerte.

Llego a una nueva isla, cuyos bordes
son montañas muy escarpadas
y consigo aterrizar en un río,
que nace caudaloso en este sitio,
y que rompe en una bella cascada
en cuevas con plantas y flores.
Puentes cruzan el río, los cruzo,
bajo la cascada hasta lo más profundo.

Un túnel oscuro, pero angosto
es ahora el camino a seguir.
Se ve una luz en la lejanía,
quizás bellas y nuevas poesías
vengan si sigo por aquí.
Quizás halle alegría y gozo...
Mi varita invoca luces para que yo
siga mi camino con luz y valor.

martes, 2 de abril de 2019

El viaje a Avgiduil II

El viaje continua y el mar se vuelve tempestuoso.
Por suerte, mi magia me lleva volando,
y hallo por fin un lugar donde rompen las olas.
He encontrado una isla, y un acantilado
cubierto por vasto manto verdoso
que recuerda a las tierras de Escocia.

Descanso al borde del acantilado, con la lluvia
acariciándome por todo mi cuerpo desfallecido:
necesitaría descansar, pero no sé donde estoy
así que prosigo, camino, insisto y persisto
en encontrar caminos lejos de la espuma
de un mar que no me dirá jamás quién soy.

Sigo caminando, y los prados nos acompañan
por encima de las propias nubes de tormenta.
El sol ha salido, y se ve un bosque enorme
que parece ser la única alternativa correcta.
Destellos de luz se cuelan entre todas las ramas,
corazonadas quizás de nuevos horizontes.

Sigo caminando, después de muchas horas,
y me encuentro que el bosque ha terminado.
Hay un vasto claro y solo un limonero,
majestuoso, que parece un lugar adecuado
para sentarse sin ninguna zozobra
mirando el bello color azul del cielo.

El camino parece seguir, pero yo solo
puedo ver el sol y estos bellos limones.
Me siento en paz, me siento tranquilo,
y siento una presencia en los alrededores.
No sé qué deparan estos nuevos territorios
pero paso a paso completaré el camino.

domingo, 31 de marzo de 2019

El viaje a Avgiduil I

Me encontré tumbado sobre el agua
de la inmensa playa de Amarok.
Pensando y mirando la misma nada
que desde hace tiempo pretendía
no conocer,
ni reconocer
como que era parte de mi vida.

Me planteaba cuál sería mi próximo paso
en este camino a veces tan impredecible.
Me acordé de todas las veces que he errado
pero con un sentimiento bien distinto:
sin culpa alguna,
sin ninguna duda;
pensando solo que es parte de mi destino.

Ahora que soy un huracán, poco importa
si soy de fuego o si soy de agua, o si fui
un indeciso que nunca se conforma.
Es difícil pensar a veces únicamente
una sola respuesta
o una sola propuesta
que a toda exigencia parezca suficiente.

Ahora me doy cuenta de que los tiempos
han cambiado casi sin darme cuenta.
No conseguí dominar mi segundero
mientras ganaba control de un espacio
que supe ganar,
que me supo apartar
de una estabilidad que creí haber logrado.

Pero con este vacío, que parecía irreparable,
conseguí hacer de los minutos, segundos
y de las semanas, días tan interminables
que el dolor se murió de puro aburrimiento
entre versos marchitos,
entre besos perdidos
de un pasado que alcanzar ya no deseo.

Conseguí más control de cada minuto
con un sacrificio que fue mi última baza
frente a la desolación de la que rehuyo.
Ese sacrificio me supone una lágrima
que desaparece,
que no resplandece
en el vasto océano de lamento de mi ánima.

Cuando abro los ojos y salgo de mis ideas,
me encuentro en medio de la nada,
la orilla de la playa muy lejos ahora queda.
Mi liberación personal se ve en mis versos
con menos estructura,
con más locura;
ya no son un arma para callar mis lamentos.

Mi liberación me ha llevado a la deriva
y mi futuro es como este mar: abierto.
Pero un tiempo después alcanzo una isla
en la que se erige una torre de piedra;
en cuya cima
se divisan
direcciones hacia una nueva tierra.

Tomo la dirección hacia lo desconocido
hacía una paz que, aunque no sea perpetua,
me prepare para los futuros más sufridos.
Porque en todos los viajes de la vida
dejas algo de ti
y ganas algo para ti,
empieza un viaje más a través de mi poesía.