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Vivero de poemas de toda una vida y de las de aquellos que pasaron cerca. Libre de prosa desde el 2012. Antiguamente, Poesías de una Noche de Verano
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martes, 24 de diciembre de 2019

De la magia de Dafne y su tiempo

Justo cuando creí
que era el momento
en el que me debía rendir
a la decadencia,
me encontré a mi cabeza
guiándome más allá
de lo que jamás
me imaginé.

¿Amarok destruido?
Vamos a Avgiduil.
¿Futuros inciertos?
Juguemos con ellos.
¿Magia decadente?
Pon a prueba tu suerte.
Este mundo es inmenso,
y hay magia en todas partes.
¿Tu corazón está viejo?
Te presento a Dafne.

Ojalá pudiera decir que
todos estos meses fueron
así de buenos
por mi propia magia.
Pero Dafne es distinta:
ya solo su sonrisa
sacude los cimientos
de mi mundo entero.

Aprendí las lecciones
que jamás debí olvidar.
Quererse a uno mismo
por encima de lo demás.
Armarme de valor,
y golpear a la vida
y al dolor
con la fuerza de mil soles
todos a punto de explotar.

Me he convertido en un destello
de energía mucho más blanca.
Un estado de mayor calma
en el que, si me hace falta,
Dafne me aparta los árboles
para poder ver el bosque
con el sencillo roce
de sus dedos.

Soy más creativo, más fuerte,
y aprendí a pensar algo menos,
al menos, cuando no conviene.
Me sumergí en el bello caos,
siendo el último óbice
antes del último estado
que tendría mi vida este año.
Soy un polivalente orgulloso,
que vivo siempre entre mundos,
alternando entre muchos
hechizos de diverso tipo.
El pasado duele menos
y todo mi impulso proviene
de tentar a la suerte
para sonreír un poco más
cada día.

Y pensé que la magia moría
llegados a ciertos estados de la vida.
Y aquí estoy sin embargo,
mucho más mágico que nunca,
sin intentar huir de lo malo,
sino intentando lucharlo.

Por eso no me equivoco
si digo que Dafne
es el mayor tesoro
que podría haber encontrado
en este intenso año.
Me ha cambiado la vida,
me la ha llenado de sonrisas
y es tan excepcional
que mi alter ego poético
jamás la podrá superar.

domingo, 22 de diciembre de 2019

De la magia de las antimusas y de su tiempo

Me hice poeta y comenzó
la primera de muchas
etapas confusas
que ha tenido mi vida.
Las quise, de la forma
en la que quieres
a quien no puedes
tener más cerca.
Por no ser, por tanto,
no eran siquiera musas,
sino, más bien, antimusas.

Y aprendí mucho
de estos seres oscilantes
entre etéreas realidades
y realistas fantasías.
Mi magia empezó a ser
de un poder inmenso
en el mundo de los sueños
y, poco a poco,
mi lado pasional fue
tomando el control.
Daba más pelea,
aunque alguna vez tuviera
un precio muy alto
que pagar.

Fui huracán, guiando
los vientos más poderosos.
Pero vi de pronto
gente más fuerte
y con la determinación
de hacer daño.
Aprendí a ponerme a salvo:
hechizos defensivos,
encantamientos variopintos
para entrar en las mentes,
distorsionar la realidad
y evitar golpes fuertes
lo máximo que se pudiera.

Conocí mis mayores límites
de ponzoña y oscuridad
y de luz y de vitalidad.
De una de mis antimusas,
aprendí la fortaleza
de librar muchas luchas
en el mismo instante.
Las lluvias de meteoros,
no eran ningún tesoro,
pues la suerte comenzó
a tener un nuevo proceder.

Manipular los sueños,
escapar de mentes ajenas
y el ganar todas las guerras,
aunque vengan del golpe.
Lecciones bañadas en oro
de épocas a veces confusas.
Y, en verdad , las antimusas
me enseñaron mucho más
de lo que al principio creí.
Pero al final, todo pasa por mí
y por mi forma de afrontar
una vida que torna amarga
y que se me hace imposible
de asumir sin un poco de magia.

sábado, 21 de diciembre de 2019

De la magia original

Los tiempos cambian,
pero antes de ser
trozos de magia
de otras personas,
solía ser ya mago.

Mago natural
como lo era mi mentor.
Empecé con lanzar
 hojas a la gente
o agua a mi alrededor.

Poco a poco, el germen
de magia creció en mí.
Nadar nunca fue mi fuerte,
pero los hechizos de agua
los dominé sin sufrir.

Supe cómo tomar el mundo
y llenarlo con mi chispa.
A cada año, mayor el triunfo
de mi mundo de fantasía
sobre el mundo real.

Invoqué fuerzas
que no podía controlar:
la mayor de las tormentas
y toda la inmensa furia
de la madre naturaleza.

El ardor que emanaba
se hizo tan intenso,
que lanzaba llamas
por todos los lugares
de mi cuerpo.

Pero siendo de agua,
y siempre prefiriéndola,
logré la fuerza despiadada
de una ola gigante
en la palma de mi mano.

Volé, crecí hasta lograr
cuatro fuerzas
 donde ninguna solía estar:
héroe y mago,
justiciero y villano.

Sin controlar mis pasiones,
proseguí mi viaje.
Encontré nuevos rincones
con la magia más poderosa:
el amor hacia otra persona.