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Vivero de poemas de toda una vida y de las de aquellos que pasaron cerca. Libre de prosa desde el 2012. Antiguamente, Poesías de una Noche de Verano
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sábado, 11 de enero de 2020

Paraíso suspendido

Viejas canciones, nuevas canciones,
viejas ideas, nuevas ideas,
planes simples, planes complejos.
Cambian las cosas con el tiempo,
aunque siempre habrá situaciones
que nunca se sientan muy viejas.

Nuevos mundos, pero Madrid
sigue siendo una constante.
Nueva magia, vieja magia,
personas que nunca acaban
de hacerme sonreír
hasta con los mínimos detalles.

Nuevas alegrías, nuevos dolores
Nuevo frío, el de las manos
que nunca más podré agarrar
y las que nunca querría soltar.
La vida me brinda más goce
ahora que estoy a su lado.

Viejas heridas, nueva sanación,
viejos demonios que luchar
con muchas nuevas ideas.
Por primera vez en eras,
la muerte no sabe a liberación
sino a un indeciso final.

Porque este paraíso suspendido
es la mejor vida más allá
de la muerte de una parte de mí.
Parece mentira que sonreír
duela tan poco y el motivo
sea el mismo que me pudo matar.

Que aún no me lo quiero creer,
por si todo esto es un buen sueño
y me despierto en otra noche
en otros inviernos cuyos nombres
recuerdan los albores de mi ser
con un vago lamento.

Desconozco desde hace tiempo
qué mundo me es más bonito.
Alterno demasiado entre dos mundos
perdiéndome en el mirar profundo
de los ojos que una vez hicieron
posible este paraíso suspendido.

domingo, 8 de diciembre de 2019

Mochilas

Recuerdo en ciertos momentos
las mochilas de aquellos
que caminaron o caminan
a mi lado.
Recuerdo, como si aún la viera,
la mochila amarilla de Stefan,
que siempre era buena guía
en el metro.

Recuerdo la mochila de rayas
azules que Celeste portaba
y que algunas veces aún veo,
mas sin ella.
La mochila negra de Irene
y la negra de Aníbal que tiene
un logotipo que el mundo entero
conoce.

Recuerdo la mochila de Amparo
el fondo era azul o quizás morado
y con formas de lo más variadas
y coloridas.
Recuerdo la mochila de Santiago,
sencilla como el ser humano
tan encantador que la carga
tranquilamente.

No recuerdo la mochila de Paloma,
su recuerdo escapa de mi persona
a diferencia de todo lo bueno
que por mi hizo.
Ojalá hubiera visto la de Clara
e intuyera de las de Alicia y Sara,
pero no sería el mejor recuerdo
a su lado.

Hay mochilas que no olvidaré,
por más que lo pueda querer
olvidar.
Mis mochilas representando,
mis pesos reales e imaginarios,
por ejemplo.

¿Y que hay de aquellas personas
que en vez de mochilas portan
grandes bolsos?
De Laura, por ejemplo, recuerdo más
su bolso negro tan descomunal
siempre con hueco.

¿Reflejo de lo que somos
o una oda hecha por locos?
Las mochilas,
y también los bolsos, cuidan
esa parte de todos optimista
y soñadora.

Las mías ya empequeñecen,
recordándome que para siempre
jamás lo es.
Pero aún queda viaje y espero
poder guardar más recuerdos
de muchas más mochilas.

martes, 12 de noviembre de 2019

Otoño en Cantoblanco

Un destello desgarra las nubes grises.
Se para el tiempo, mientras
los reductos del verano se despiden
con un atardecer que viene
cada vez más temprano.

El tapiz verde y amarillo
se torna marrón
hacia su muerte
para su posterior resurrección.
El gris, el azul, el verde
pegan maravillosamente
con una canción sobre la vejez
y con la pasión de aquel
que vive eternamente joven,
sin importar el cómo ni el dónde.

La vida y su muerte
se entrecruzan en las ramas
que se acarician en el campus
y también en las personas
jóvenes que acaban de llegar
y en aquellas que saben
que sus días
poco a poco
llegan al inevitable final.

Y no añoro, ni imagino.
Ni añado ni elimino:
la vista es perfecta.
Envejecer sabe a veces demasiado bien
para ser la muerte la recompensa.
E igual es el otoño
en mi querida Madrid:
Nunca se puede dejar
de ser feliz
apreciando la bondad
de los pequeños detalles,
como la caída de las hojas
y observar el paisaje
en un viaje en tren.

Queda tanto por vivir
tanta vida que ver crecer
y tanta que ver morir
antes de nuestra propia muerte
que tan solo bendigo mi suerte.
Doy gracias por seguir pisando
alfombras de hojas secas,
por no llorar más por mi guerra
entre las noches de verano
y los días de invierno.
Me abrazo a la decadencia
de los días de otoño,
alegres en su miseria,
tristes en su dicha,
los cuales son alimento perfecto
para caóticas poesías.