un sentimiento acallado para no ser
extremadamente sentimentalista,
y una canción que se siente nueva
aunque hace años que se repita
en cientos de voces inconexas
en busca de alivio.
He formulado preguntas en verso
que dos musas jamás me respondieron
y que, a base de viajes imaginarios,
he sabido contestar yo mismo.
He ganado amigos y he perdido otros
y, entre cada cielo y cada infierno,
ha habido curiosos purgatorios
con los que he escrito algunos libros.
Le he cogido miedo a la muerte,
sobre todo a aquella silenciosa
en la que mi partida no le importe a nadie.
Pero le he perdido miedo a la mediocridad:
mi futuro no pasa por ser excelente,
sino por derrochar amor y arte
en un mundo que se estremece
entre credos que solo se defienden
con la boca pequeña y mucha hipocresía.
Tanto que aprender, tanto que vivir,
tanto por lo que perder el tiempo
y no pensar si me estoy quedando atrás.
Seguimos adelante, sin saber qué buscar
pero sabiendo que aún no lo he encontrado,
y sintiéndome extremadamente afortunado
porque así sea en realidad.
Porque significa que la vida es aún un misterio
que estoy felizmente pendiente de desentrañar.