Si te expulso,
si te aparto,
espero que se te haga corto
el mal trago.
Al final siempre pagan justos
por pecadores
y nuestras espadas de Damocles
son armas de doble filo
condenados a extraños destinos.
Tres siempre fueron multitud,
pero es peor la acritud
con la que las cosas suceden
a veces casi sin darnos cuenta.
No tentare más a la suerte
y romperé el eslabón de la cadena
que sea el más débil.
La pena me hará más fuerte,
quizás porque no quede alternativa,
pero mejor perder una guerra
que luchar una batalla eterna
en la que siempre seré una causa perdida.
Y llevo ya días enfadado y no dejo de pensar
en el asco que me produce todo esto
y la rabia que me da no poderlo parar.
Malditas historias de estúpidos celos,
maldita la estupidez de los necios,
maldita trigonometría emocional.
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