ni es para todas las gentes.
Algunos no encuentran principio
para sus aventuras,
otros no saben cuándo terminar
de seguir narrando,
y otros van alterando su relato,
desfigurándolo cada vez más.
Contar una historia es un desafío
para el que narra,
pero también para el que es escrito:
superar la cólera
y las inseguridades del escritor
nunca es fácil
siendo una criatura pequeña y frágil
ante su narración.
Y los días serían poco grises
o quizás demasiado,
dependiendo de si está triste
o si se siente dichoso.
Y donde dije digo, digo Diego,
si no Rodrigo.
Los antecedentes se ven envueltos
de posterior simbolismo.
Y los mañana que ya fueron ayer
se sienten también distintos.
El amor y el desamor son bolígrafo,
pluma y rotulador
en un libro de besos que se edita
a veces con dolor
y a veces con las flores más bonitas
que a uno le emanan del pecho.
Por eso, a veces mejor ser cronista
que poeta zalamero.
Por eso, tu historia se hace bonita,
porque narré sus minutos
sin una lente que ahora me impediría
ser totalmente justo.
Aquellos primeros besos
quedarán siempre presos
de aquellos primeros versos
que no estoy dispuesto a cambiar,
que no merece la pena alterar.
Hiciste las cosas sencillas y buenas,
no nos hicieron falta tretas
para atesorar los días de primavera
donde empezaron a brotar
tus flores en mi inmenso jardín.
Por eso sé narrar
sin poderme confundir
tantos detalles de aquellos días
que empecé junto a ti.
Detalles hechos poesías,
detalles hechos una historia inmutable:
la de yo, Apolo y tú, mi querida Dafne,
historia que sabrá siempre acompañarme
hasta el final de mis días.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja tu comentario