Este finde corre el Nano,
aunque dudo que vaya a verlo,
pero los memes y el aferrarme al pasado
de alguna forma me ponen contento.
De nuevo en el gimnasio,
intermitente es el progreso
e inseguro me debato
sobre mi sueño betañeno,
pensando que me hace resistir.
Me pongo a Melendi un rato
y no puedo evitar sonreír
recordando carreras de antaño.
Viajes largos en el metro,
música de fondo para escribir
¿Superaré en algún momento a Taylor Swift?
Con tantos discos constantes
siempre me manda estímulos,
siempre hace sentir ridículo
mi ritmo de escritura tan trepidante.
Un día raro en el trabajo,
mi sueño se sigue apagando,
pero me aferro con uñas y dientes
a seguir luchando aún sin entender
qué me mantiene aún en pie.
Luchadores natos,
la fuerza de las segundas venidas.
Estar en las profundidades de la tierra
y subir de nuevo hasta la cima.
Odio tanta autocompasión que no merezco,
me odio si me miro demasiado al espejo
y me odio con mis excusas repetidas.
Hoy vamos al trabajo, después al gimnasio
y daremos todo como si mañana vivir
dependiera totalmente de lo que haga hoy.
No es perfecto, pero parece servir
ser una carcasa puramente alimentada
por autodesprecio, Fernando Alonso y Taylor Swift.
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