empiezo hoy este nuevo poema,
dejo las ruinas de Rethergan
sin saber qué nueva aventura me espera.
El camino me lleva a una gran montaña
coronada por un templo en lo más alto,
asciendo mientras comienza una suave nevada
y el ascenso se convierte en algo muy largo.
La subida me marca con la nieve en rostro,
que se pega cada centímetro de mi piel,
mi cabello pasa a ser de un toque canoso
y el frío juega a que en este viaje me puede vencer.
La ascensión termina en la cumbre
y se ve un templo hecho de hielo
está tan alto que las nubes cubren
aquel sitio que solemos llamar suelo.
La magia de este lugar es fascinante
y, curiosamente, empiezo a sentirme mejor,
mucho he aprendido en este gran viaje
que hoy ocurre en el Templo de Hedelgorf.
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