Buscando entre todo el desastre
de recuerdos tangibles que tengo
Me doy cuenta del paso del tiempo:
mis libros comienzan a deteriorarse,
las fotos pierden su brillo y su color
y las entradas de cines, museos y viajes
ven como su tinta comienza a borrarse
y como pierden paulatinamente su valor.
¿Qué sentido tiene un papel en blanco
llenándose de polvo en mi cuarto?
Tengo un sobre lleno de palabras dulces
que hace mucho que no se abre,
tengo recuerdos que aún me conducen
a Móstoles pasando por otros cien lugares:
una caja prohibida, billetes de avión...
Tengo dos carpetas llenas de color
que son las tres vidas que llevo vividas
desde que llegó Laura a mis poesías
y anidó en un hueco de mi corazón.
Tengo intersecciones con mil vidas:
corazones de papel, billetes de metro,
regalos de cumpleaños, fotos cuyo recuerdo
es a veces más tormento que alegría
por el hecho de darme cuenta que no todo
me va necesariamente a mejor.
Que hay días que me siento muy solo
y me cuesta a veces silenciar el dolor
que susurran las voces de mi cabeza.
Escribo, juego, trabajo a conciencia,
me evado hasta que las noches llegan
y jamás duermo la noche entera.
Tengo sueños que se perdieron entre libros,
sueños que no cubre mi cuenta del banco,
sueños por los que aún sigo luchando
aunque no creo que pueda conseguirlos.
sueños que los juguetes supervivientes
ven como siguen cada día diezmando,
Sueños de una vida digna de recordar
y de cosas que me ayuden a no olvidar.
Aunque a veces eso sea el culpable
de que haya días que, al acostarme,
lo último que pueda hacer sea soñar.
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