Visitando de nuevo el jardín,
buscando la paz interior,
te encontré entre una rosa y un jazmín;
te encontré mientras buscaba el verdadero amor.
Debía impresionarte, mas no sabía cómo;
pues las flores de aquí corruptas estaban,
por lo que cree una flor del color de tus ojos,
azules como el agua más cristalina y clara.
Y aunque su color no te impresionó,
lo que esperaba si consiguió:
que te parara para un beso robarte.
Un beso tan extraño como el color de tu flor,
un beso que robé sin saber
que me haría adicto a su sabor.
Te convertiste en la armonía
que otros me robaban,
en la felicidad perdida
y en el amor que soñaba.
El jardín guardó esas emociones,
y con su belleza hizo una corona,
que te di como reina de nuestros corazones,
de este jardín y de mi entera persona.
Cada día más perfecta,
cada día más bella,
robaste mi corazón de poeta
eres mi gran amor, princesa.
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