En una nueva ocasión me persiguen,
los malditos reductos de tu amor,
a los cuales me enfrento con valor:
ni desestabilizarme consiguen.
Contra mí persistentemente siguen
produciendo en ocasiones dolor,
pero a golpes me hice superior,
no permitiré que a nada me obliguen.
Te reconozco que me hiciste daño
y que yo estuve a punto de caer
y, para salvarme, me volví huraño.
No te quiero en mi mente tener,
para evitar viejos tiempos de antaño
en los que en ti me solía perder.
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