En el amanecer de la vida
todo era muy diferente
nada de entonces tengo en mente
y lloraba menos de lo que sonreía.
En el equinoccio de la misma
me cambió mucho la fortuna
y la vida demostró ser dura
y dejarme sin sueños a la vista.
En el atardecer de mi vida
el destino me juzgará
y la muerte me acogerá
y seré yo el que sonría.
No se existirá la noche
pero sí las horas oscuras
que son en las que me susurra
que soy el elegido en su coche.
Mientras la noche cae sobre ellos
y ellos celebran la vida
yo me pierdo mi despedida
pues la muerte me acoge en silencio.
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