Te encontré muy lejos de mi hogar
buscando paz y meditación,
y en Portugal encontré la ocasión
de poder inspirarme frente al mar.
Fui a la playa de los pescadores
donde vi cómo faenaban
y entre barcos de colores
mis ojos te encontraban.
Me acordé de los tiempos de antaño
me olvide del prototipo ideal
y pensé de forma especial
que no eras otra chica de pelo castaño.
Tomabas fotos de la captura
y sonreías de mil amores
y yo pensaba con dulzura
en sorprenderte con bellas flores.
Decidí mirar hacia la arena
para ver lo pescado
y cuando vi que te habías marchado
empecé a sentir pena.
Pena de un yo indeciso
que de sus dudad está distorsionado
y aunque no suele ser preciso
lo que teme es no sentirse amado.
Entonces te vi
marchándote en la lejanía
y entonces me arrepentí
de no ser en ese paseo tu compañía.
Subí a mi habitación
la doscientos trece
terriblemente disgustado
y con gran desilusión;
mientras tu imagen aparece
en la terraza de la habitación de al lado.
Quizás después de todo lo vivido
los fracasos incesantes y las derrotas
de mala suerte superé todas las cotas
y ahora ser feliz sea pan comido.
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