Mis terrores nocturnos comienzan mucho antes
de lo que muchos esperarían.
Es cerrar los ojos, observar la oscuridad
y pensar: "¿y si esto es todo lo que hay al final?
¿Estaré preparado? ¿Acaso alguien lo está?
¿Dolerá mucho o, acaso, estaré deseando que me llegue a pasar?"
Doy vueltas sobre la cama, culpa compartida
entre el tormento y el terrible calor.
Dormir, me temo, no es ya una opción.
Y entre tanto giro, estiro una mano
y la dejo a merced de las sábanas
y empieza a parecer que algo la atrapa:
la nada que veo con los ojos cerrados
que oigo aun estando la noche en calma
coge tu silueta, tus ojos, tu sonrisa,
coge tu voz, tus lunares y tus manos frías
y me canta y se ríe
y me lleva a mundos más allá de mis sueños,
más allá de esta vida, más allá de esta muerte,
y me arropa bien fuerte para que encuentre
el sueño que parecía que se me escapaba.
La vida sigue corriendo a nuestro alrededor
y los astros que nos suelen acompañar
hace tiempo que no tienen un sabor meloso.
Y sé que el paso del tiempo no los dejará de agriar
pero una vida contigo, tendrá dulzor suficiente,
tendrá amor fulgurante y la sensación tan relajante
de que siempre hay un motivo delante por el que no dejar de luchar.
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