Siempre habrá hilos rojos inconexos,
promesas que no se cumplieron,
culpas que no se purgaron.
Los recuerdos se distorsionaron
primero exageradas mentiras
para llegar a la extraña anomalía
de que algunos de mis recuerdos
me sean ya del todo ajenos,
como un extraño sueño
o un extraño cuento.
Como una vida que, siendo mía,
no recuerdo jamás vivirla.
Extraños recuerdos aún guardo
pinceladas en el extraño cuadro
que conforma mi mente
y en el que algunos trazos
poco a poco desaparecen.
Ciertas canciones se sienten inertes,
ciertos lugares, totalmente mundanos,
ciertos días, unos más en estos años
de pandemia que parecen no acabar.
Poco a poco nos olvidamos de soñar
y poco a poco me olvido de una variedad
de voces que jamás volveré a escuchar,
olores que aportaban armonía
y nombres que significaban cercanía
pero que tras más de quinientas noches
no me suenan ya de nada.
Siempre habrá últimos abrazos
igual que últimos encuentros
y jamás se harán demasiado largos.
Siempre habrá últimas palabras
y resonando en silencio
parecerán siempre muy largas.
Pero, haciendo que la vida haga lo suyo,
el pecho me duele menos
y el fin del mundo se siente un nuevo mundo
en el que empecé de cero
con pocas ilusiones,
muchos versos,
y pocas conclusiones
sobre si este es el camino correcto.
Sobre si este es el poema adecuado
y si hace justicia al perturbado lago
de todos mis pensamientos.
Hoy es un día extraño:
recuerdo haber llorado.
Pero ahora en mis extrañas,
queda un recuerdo muy vago
sumiéndose poco a poco en la nada.
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