El campo de batalla es cruel,
y lo despiadado me destruye.
Mis enemigos me consumen,
y yo no sé cómo poder vencer.
Otro grito, otra razón suficiente
para gritar de desesperanza.
Menos mal que me rescatas
chica de las once y veinte.
Otra jaula que me priva de goce
y solo me devuelve miseria.
¡Qué bueno que me protejas,
chica del aula catorce!
En otra tormenta me encuentro
y parece ser de las más malas.
Por suerte, llegas con tu paraguas,
chica de aquel treinta de enero.
Porque sé que esta pesadilla
no va a dejarnos a veces vivir,
mas seguiré bien junto a ti
chica que eres el amor de mi vida.
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