Siempre se dice que los viajes
son más interesantes
cuando tienes en tu mente
con lo que distraerte.
Conversaciones variopintas
que para mí son aburridas
me empujan con desgana
a ver el mundo desde la ventana.
Veo industrias y edificios,
urbanizaciones de vecinos.
Veo como el sol engaña
y quema la meseta castellana.
Veo ruinas de cosas que fueron,
veo carteles propios de otros tiempos,
veo las nubes blancas y las negras
enfrentadas a la izquierda y a la derecha.
Por suerte, el trayecto es corto
y, aunque, algunos lo hagan un rollo.
Se intenta llevar como se pueda
mirando la inmutable carretera.
El sol se oculta bajo las nubes
y suena otro chiste que reluce,
pero que no me cala muy adentro.
Será que me cansé de aguantar esto.
Y es que las circunstancias al final
dejan demasiado que desear.
Si este es el futuro, obviamente lo repudio
dejando en la carretera pensamiento tan profundo.
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