A mi amigo el vikingo, el noruego o el finlandés,
lo que sea, el del lenguaje locuaz,
ese que es gracioso y sabio a la vez
joven el cual me enseñó a saber volar
a verlo todo del revés;
no podré agradecerte jamás
decentemente todo lo que hiciste
realmente no lo podré olvidar
obvio que te recordaré, ya lo viste.
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