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Vivero de poemas de toda una vida y de las de aquellos que pasaron cerca. Libre de prosa desde el 2012. Antiguamente, Poesías de una Noche de Verano

jueves, 11 de febrero de 2021

Mujeres en la ciencia

Si eres de esos descerebrados
que repudia incluso el 8M,
déjame decirte que de mujeres 
está llena la ciencia.
No quiero que te disgustes,
viviendo en tu opulencia 
sin ni siquiera darte cuenta
de las responsables
de tus comodidades.

Para empezar, este poema, 
que ves a través de Internet
sería imposible que vieras 
sin la ayuda de Hedy Lammar.
Y para poder desentrañar
algunos de nuestros misterios, 
Hodgkin y Franklin estudiaron
proteínas y ácidos nucleicos.

Casos aislados, pensarás.
Genio aislado por su género,
te respondo con celeridad.
Imagina los Congresos Solvay
y que Marie Curie no tuviera
otra mujer a la que llamar colega.
Piensa después de un siglo,
¿cuántos hombres la han vencido?

Se te llena la boca de palabras grandes
y acusas a la gente de adoctrinamiento.
Desde luego, Gabriela Morreale
no podría haberte salvado de ser un cretino.
Porque lo tuyo no es de un hipotiroidismo,
sino cosa de tu anciana mollera
y fue Levi Montalcini quien descubrió
eso que en tus neuronas escasea.

Y Katherine Johnson nos llevó a la Luna,
y Katie Bouman a los agujeros negros,
y tu mentalidad tan retrógrada
nos aleja de futuros felices y plenos.
Háblame, si tienes coraje, de hembrismo,
mira mi clase de Bioquímica abarrotada
de mujeres brillantes y te aseguro
que te tragarás poco a poco tus palabras.

Cori, Okazaki, Margarita Salas,
Doudna y Charpentier con el CRISPR-Cas
Tu Youyou luchando contra la malaria,
o los laboratorios donde trabajo.
Me sobran ejemplos para salir de tu engaño,
y a buen entendedor pocas palabras bastan.
El futuro ya lo están escribiendo ellas:
las incansables mujeres de ciencias.

martes, 9 de febrero de 2021

Un recuerdo que ya no es mío

Siempre habrá hilos rojos inconexos,
promesas que no se cumplieron,
culpas que no se purgaron.
Los recuerdos se distorsionaron
primero exageradas mentiras
para llegar a la extraña anomalía
de que algunos de mis recuerdos
me sean ya del todo ajenos,
como un extraño sueño
o un extraño cuento.
Como una vida que, siendo mía,
no recuerdo jamás vivirla.

Extraños recuerdos aún guardo
pinceladas en el extraño cuadro
que conforma mi mente
y en el que algunos trazos
poco a poco desaparecen.
Ciertas canciones se sienten inertes,
ciertos lugares, totalmente mundanos,
ciertos días, unos más en estos años
de pandemia que parecen no acabar.
Poco a poco nos olvidamos de soñar
y poco a poco me olvido de una variedad
de voces que jamás volveré a escuchar,
olores que aportaban armonía
y nombres que significaban cercanía
pero que tras más de quinientas noches
no me suenan ya de nada.

Siempre habrá últimos abrazos
igual que últimos encuentros
y jamás se harán demasiado largos.
Siempre habrá últimas palabras
y resonando en silencio 
parecerán siempre muy largas.
Pero, haciendo que la vida haga lo suyo,
el pecho me duele menos
y el fin del mundo se siente un nuevo mundo
en el que empecé de cero
con pocas ilusiones,
muchos versos,
y pocas conclusiones
sobre si este es el camino correcto.
Sobre si este es el poema adecuado
y si hace justicia al perturbado lago
de todos mis pensamientos.

Hoy es un día extraño:
recuerdo haber llorado.
Pero ahora en mis extrañas,
queda un recuerdo muy vago
sumiéndose poco a poco en la nada.

domingo, 24 de enero de 2021

1001 (con Dafne)

Comenzamos esta jornada tan particular.
Tú y yo juntos
en la delgada línea de la irrealidad.
Manos juntas y pies dispuestos a caminar,
a reír, a vivir, a soñar
con un horizonte, que incluso en estos días, 
parece imposible de imaginar,
pues parece que no tiene final.

La previsión de lluvia nos empuja 
a los brazos del otro.
Son en ellos donde ninguna duda
me provoca daño.
Olvidando el presente,
incluso el pasado,
y soñando con un futuro donde
jamás me falte tu tacto,
tu sonrisa o tus ojos
mis tesoros más preciados.

Compases variados para entrar en sincronía
en una burbuja donde todo termina
si no es parte de tu figura.
Risas inesperadas y cambios de postura
que hacen que pierda la compostura,
pero que quede para siempre
con la certeza de que tenerte
es sin duda mi mayor fortuna.

martes, 12 de enero de 2021

Fin del mundo

Fruto de la madurez
y de la ansiedad que en estos tiempos conlleva,
mi vida se centra demasiado en los finales.
Como si algo fuera realmente relevante
en el momento en el que todo acabe.
Habrá cosas que superen nuestra muerte,
pero nada ni nadie es para siempre.
Este poema y la Capilla Sixtina
serán parte de la misma nada infinita.

Desde hace casi un año,
y por los eventos que ahora nos rodean,
no dejo de ver posibles finales del mundo.
A diferencia de los que oculto,
estos finales no nacen cuando está oscuro
y son un poco más colectivos
como si todo lo conocido
estuviera a un suspiro del colapso
esperando el último toque necesario.

En estos finales del mundo
vi una nueva perspectiva de las calles,
de las noches y del sentirse aislado.
Pasear por Butarque en marzo, 
hace unos días en el infierno blanco.
Madrid es cada vez menos Madrid.
Lo supe cada vez que me despedía de ti,
pensando que las certezas construidas
con tanto caos se veían obstruidas.

Y es que recuerdo las veces
que te dije que me iba contigo al fin del mundo,
pero ahora que ya hemos llegado,
he de decir que no podría haber deseado
hombros mejores para haberme apoyado.
Ahora que solo veo finales
el principio de muchos viajes
se me hace absurdamente lejano
como un libro que leí o algo que me contaron.

Siento que he vivido mil años
y posiblemente más de diez vidas.
Y en esta vida, siento que no viví un momento
en el que no me libraras de mis tormentos
o me sanaras con tus besos.
El fin del mundo hizo que renaciera
y que fueras lo único que reconociera
como certeza en medio de la nada,
incluso si el mundo se acabara mañana.

Y aunque no dejo de ver finales,
casi siempre deseo evitarlos
y pensar en lo mucho que queda por delante.
Nevadas, pandemias y mil males,
jamás podrán ser rivales
contra cualquier futuro de luces
en el que pueda sentir el dulce cruce
de nuestros dedos por un segundo.
Porque, cielo, siempre iré contigo al fin del mundo.