El niño, que creció viviendo en guerra,
que temió su vida entera,
ha salido de la trinchera.
Hundido, resurgido y olvidado,
amado y desengañado,
pero nunca acabado.
Juro que no dejaría al olvido
a ningún ser que fue querido
ni enemigo conocido.
Memoria, mi arma en otros tiempos,
donde yo creía en los cuentos,
donde vivía yo por dentro.
Y ahora, será que las enzimas,
me hacen olvidar los días
que dije que no olvidaría.
O puede que tu sonrisa oculte
recuerdos de tristes lunes,
donde gozo nunca tuve.
Y todos los traumas de la infancia
resuenan ya en la distancia
y se hunden en la nada.
Perfecta, de todas la más bella,
la que aparta los problemas,
la que quita la tormenta.
Desde que llegaste a mi corazón,
olvido sin preocupación
cambiaste el odio por amor.
Y parece que la vida es así
desde que te conocí
así que gracias por existir.
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