Estudiando una de mis asignaturas
a la que abrevio como fundamentos,
reviso mi propia y triste andadura,
revisando mis decadentes cimientos.
Echo la vista atrás y veo qué pasó:
pasaron cinco años, pasaron quince,
pasaron veinte años vacíos de sabor,
sin importar mucho cuando los analice.
Los días buenos pudieron ser mejores,
y en los malos, la duda en verdad duele.
Y no dejo atrás mis oscuros terrores
del fluir de algo relativo, abstracto e inerte.
El tiempo, el que gasto en este poema
y en cada una de mis acciones de vida,
al que quiero esquivar con la trascendencia,
que sería la más bella de mis utopías.
Y no me muero, ni estoy cerca siquiera
para temer tanto al hecho de desaparecer.
Pero grande es la sombra que me acecha,
pues temo que mucho tiempo ya agoté.
Y me muevo en pro de la realidad común,
avanzar hacia el futuro y dejarme matar
por este sistema que solo goza de decrepitud,
por esta vida que poco a poco se me va.
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