Existir, ardua tarea vivimos,
creces en la absoluta ignorancia
de que siempre te acecha el abismo
que elimina toda clase de abundancia.
La duda nos hizo reyes del escepticismo,
la realidad nos hizo cómplices del desastre
que te empuja al extraño nihilismo,
donde no hay razón de lucha que se salve.
La poesía, como la vida, está contaminada,
palabras vulgares, poetas del tres al cuarto
reinan por el Parnaso a una absoluta nada,
pues, como su criterio, las musas se marcharon.
Todo terrenal, todo es un proyecto efímero,
de buscar lo eterno a programar la obsolescencia,
que el amor se ha vuelto ahora algo nictímero
y dichos poetas coleccionistas de aventuras pasajeras.
Y nada queda, según muchos, al final del túnel,
el todo se reduce a la nada, que lo es todo,
y el hecho de que ahora de todo se dude
confirma que no todo lo que reluce es oro.
Hoy ha muerto la coherencia por enésima vez.
Murió el intelecto a manos del absurdo televisivo,
murió la moral cuando decidimos aquello que ver
y murió la razón frente a un espíritu subversivo.
Y sin embargo, muchos del abismo surgen,
y resisten contra nuestra extraña idiosincrasia
de su pecho emana la fuerza para que luchen
contra un mundo que ni les quiere ni les ampara.
Los que cultivan el intelecto antes que los bíceps,
los que resisten este mundo enteramente corrupto,
los que saben en los tiempos que viven
y luchan por mejorar este lugar en un futuro.
Los que sueñan cosas grandes y lo consiguen,
los que siempre ponen su grano de arena
los que, por muchos fracasos, nunca se rinden,
los que viven más allá de burdas apariencias.
Los que le dan al cielo gris un toque de azul,
los que creen en la amistad y el amor,
los que siguen en su interior la poesía de luz
los que viven la vida enteramente con el corazón.
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