¡Qué noche esta tan apática!
Aunque era completamente de día,
que volviste a ser mi poesía,
volviste con esa sonrisa simpática.
Volví a tomarte la mano como si nada
y me disculpé contigo por no ser honesto,
me di cuenta de que fuiste siempre amada
por un poeta maestro del amor funesto.
Volví a ver el horizonte detrás de ti,
y el mar en la profundidad de tus ojos,
volví a sentir aquello que una vez sentí
volviendo a probar tus bellos labios rojos.
Volví a decirte te quiero al oído,
volví a sujetarte para no perderte,
pues llevo mucho tiempo perdido
y aun así no he dejado de quererte.
Y el miedo me paralizó tanto
que nunca fui capaz de decirte
que mis ideas nacen para escribirte
y que tus sonrisas apagan mi llanto.
Ahora creo que vuelvo a Praga
en busca de redención
a perderme entre tus manos de maga
a reencontrarme con tu pasión.
Jugar con mis dedos sobre tu espalda,
acariciarte como la brisa del estío,
observar el volar de tu falda,
y abrazarte las noches que tengas frío.
Por eso esta noche me supo extraña,
me supo a día y a verano,
y ese beso me revolvió las entrañas
y, francamente, no en vano.
Porque me has sacado la más tonta de las sonrisas
diciendo simplemente: "Ya volví",
siendo esa respuesta la mayor de las premisas
por las que el mundo me sabe de nuevo a ti.
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