El metro es, sin duda,
el hogar de los inquietos,
hogar de muchas musas
que duraron un momento
y cuyos poemas son historias difusas.
Hogar de miradas furtivas
y de reencuentros inesperados
en él se ve la vida
desde puntos de vista varios
que podrían suscitar o no la envidia.
En el metro se viaja
hacia el sueño rutinario
donde la felicidad siempre se halla;
mas también hay casos
de los que ponen aquí su última esperanza.
Donde las conversaciones se cambiaron
por la burbuja de telecomunicaciones
mientras individuos aislados
buscan en las estaciones
un amor siempre soñado.
Líneas que nunca terminan,
sueños que hoy empiezan,
el metro nos comunica
en un mundo bajo tierra
que está lleno de vida.
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