En lo alto de los mundos
de las artes y la poesía
gobierna la reina blanca.
Defiende el mundo con melodías
supremas contra el absurdo
del mal que siempre ataca.
La reina blanca está triste:
los magos se marchan
para no volver nunca.
La magia ha sido olvidada:
ahora es un mero despiste,
siendo antes motor de lucha.
La reina blanca yace enferma:
su gran vestido blanco
se decolora con las partidas
que se suceden a diario;
su magia va perdiendo fuerza,
su magia poco a poco marchita,
La reina blanca ahora viste de gris,
tras la ida de sus pupilos:
magos desertores de corazón puro.
Mas la reina envejece con veloz ritmo:
ve a sus jóvenes magos sucumbir
mientras su traje se tiñe de color oscuro.
Sucumben a las fuerzas del mal,
y la reina, corrupta ante los hechos,
ahora es la reina negra.
Espera la muerte en silencio,
decrépita y al borde de su final,
cuando de repente alguien entra por la puerta.
Un joven pupilo vuelve de tierras lejanas
horrorizado ante grotesca situación,
y le pide a la reina negra,
ser su humilde sucesor
para perpetuar por siempre la magia,
y empezar así una historia nueva.
El fin de su reinado ha llegado:
la reina negra muere doliente,
dejando paso a su aprendiz.
Su magia todopoderosa muere
y el joven mago toma el legado,
para que esta historia no se vuelva a repetir.
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