el atardecer me da la razón,
este día que se marchita
y en el que no aceptas mi corazón.
La soledad me castiga con golpes ardientes,
queman como el frío hielo en la piel,
y es que solo tú podías y solo tú puedes,
salvar a lo más maldito de mi ser.
Todo me sale mal, todo me produce dolor,
todo en lo que creía
explotó aquel día
en el que besé a la muerte por amor.
Miré al horizonte y me dirigí a él,
sin miedo a nada
y con la idea clara
de no volver a no volverte a ver.
Desde aquel día, este no soy yo
soy un esbozo impreciso
y desde aquel día no vivo,
pues la vida me castigó.
Y así seguimos en la absoluta indeterminación,
oscura y suicida
alegre y dulce melancolía
que sufrí por amor.
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