Esa melodía que nunca acaba,
que es felicidad y melancolía,
felicidad cuando estás en mi día,
melancolía cuando te escapas.
Eres mi más preciado tesoro,
que me hace sentirme vivo
y es por ti por quien pervivo,
y quien me hace ser dichoso.
Tanta belleza desmesurada,
tanta perfección interior,
digna de un ser superior,
y que hechiza cual hada.
Fuera los malos presagios
y fuera los malos quereres,
pues eres el ser de los seres,
y por nada del mundo te cambio.
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