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Vivero de poemas de toda una vida y de las de aquellos que pasaron cerca. Libre de prosa desde el 2012. Antiguamente, Poesías de una Noche de Verano

jueves, 6 de octubre de 2022

Si estoy perdido o no

Cada día que pasa me encuentro más perdido
en el lugar imaginario que creé con tu cuerpo,
un oasis de calma en medio de este mundo:
tu sonrisa es una luna llena resplandeciente,
tu melena es hierba sobre la que quedarse dormido,
tus lunares, las constelaciones del firmamento
y tus ojos, una ventana al universo, un atronador susurro,
una prueba paradójica de un amor inquebrantable.

Cada día que pasa me encuentro más perdido
en los detalles que conforman tu persona:
me enamoré tanto de tu fina ironía,
como del grosor de tu cabeza.
Me enamoré de todo lo que no me has dicho 
y que tus actos siempre denotan.
Me enamoré de tu pasión por la vida,
así como de lo tarde que siempre llegas.

Cada día que pasa estoy más encontrado
en un futuro que solo veo junto a ti:
ver películas en el salón los días de lluvia,
viajar allí donde nos dicte el corazón,
darte masajes cuando tus pies estén cansados
y ser la parte de la rutina que menos te haga sufrir.
Si estoy a tu lado, no tengo ninguna duda
de que no importará si estoy perdido o no.

jueves, 29 de septiembre de 2022

Agnosticismo

Se quiebra mi fe un poquito más cada día:
no me creo nada de las noticias,
no me creo ya las redes sociales
no me creo a nuestros políticos,
con sus prácticas tan deleznables.
No me creo ya en las causas nobles,
porque muchos olvidan que lucrarse
no debe ser parte del proceso.

Se quiebra mi fe un poquito más cada día:
las amistades sobreviven bajo la premisa
de diván gratuito o de álbum de recuerdos.
Las flores que de joven planté con amor,
ahora se nutren de excusas y resentimiento.
No creo ya en los vínculos que guardo:
cada hilo en el ovillo de mi pecho
se llenó de mediocre cotidianidad.

Se quiebra mi fe con el paso de los años,
pero en tus manos, fenómenos extraños
propios de experiencias místicas suceden,
y creo en todo de lo que acabo de renegar.
Hace mucho que entendí que no soy creyente
de las imposiciones genéticas, de la nostalgia
en vena o de las mariposas en el vientre.
Pero por ti, apetece creer de nuevo...

miércoles, 21 de septiembre de 2022

Terrores nocturnos

Mis terrores nocturnos comienzan mucho antes
de lo que muchos esperarían.
Es cerrar los ojos, observar la oscuridad
y pensar: "¿y si esto es todo lo que hay al final?
¿Estaré preparado? ¿Acaso alguien lo está?
¿Dolerá mucho o, acaso, estaré deseando que me llegue a pasar?"
Doy vueltas sobre la cama, culpa compartida
entre el tormento y el terrible calor.
Dormir, me temo, no es ya una opción. 

Y entre tanto giro, estiro una mano
y la dejo a merced de las sábanas
y empieza a parecer que algo la atrapa:
la nada que veo con los ojos cerrados
que oigo aun estando la noche en calma
coge tu silueta, tus ojos, tu sonrisa,
coge tu voz, tus lunares y tus manos frías
y me canta y se ríe 
y me lleva a mundos más allá de mis sueños,
más allá de esta vida, más allá de esta muerte,
y me arropa bien fuerte para que encuentre
el sueño que parecía que se me escapaba.

La vida sigue corriendo a nuestro alrededor
y los astros que nos suelen acompañar
hace tiempo que no tienen un sabor meloso.
Y sé que el paso del tiempo no los dejará de agriar
pero una vida contigo, tendrá dulzor suficiente,
tendrá amor fulgurante y la sensación tan relajante
de que siempre hay un motivo delante por el que no dejar de luchar.

viernes, 16 de septiembre de 2022

Ernesto Ventura: Madrid-París

Te conocí en uno de esos lugares,
donde comienzan los mejores historias:
recital de poesía en Chueca.
Y es que, donde hay arte, hay pasión,
hay lujuria, hay oscuros deseos
de tener una noches de jadeos,
de hacer sombras chinas
de posturas del Kamasutra
en un hostal cutre del centro.
Y allí estabas tú para convertirte
en el mejor poema de la noche:
ese que en tu cuerpo iba a escribirte.

Te pusiste a mi lado, con tus vaqueros rotos,
tu chaqueta de cuero y esas mechas que debiste
de hacerte hace muchos meses atrás.
Nos miramos y vi el misterio envuelto en tus ojos
y unos labios que decían "Inaccesible".
Pero yo sé, quizás de tanto rimar,
que el que la sigue, la consigue
y que la noche acababa de empezar.

Te invité a una copa, empezamos a charlar.
Hablabas rápido, como si alguien te fuera a callar
sin que tú le dieras permiso.
Pero tú eres libre, empoderada, insumisa,
eres el material perfecto para mis poesías,
y jamás te haría cerrar esos labios,
los cuales me pasé todo el tiempo mirando
sin saber exactamente qué estaban diciendo:
trabajos, rutinas, facturas y viajar en metro
no es buen material para hacer versos.

Pero el sentirte escuchada, y tras una copa,
sientes esa conexión mística que se repite
en mi vida todas las noches que estoy libre.
Por alguna razón, me pides mi Instagram,
cuando único perfil que quiero de ti
es el de tu cuerpo en medio de la oscuridad
abriéndose paso hasta mí.
Miro tus ojos y tus labios, y cambiaste de parecer,
así que comienzo a acercarme
y te susurro una frase sobre el destino
sabiendo que he roto tu hermoso arnés
y te lanzas a los misterios de mi abismo.

No hay segunda copa, pero sí un taxi
al hotel al que me propusiste ir.
La Plaza de Pedro Zerolo ya duerme,
pero tú estás libre, empoderada e insumisa
y lo dices cada vez que me clavas los dientes
en los labios, en el cuello, en el pecho...
Lo dices con cada prenda que dejas caer
y con la que descubres que mi poesía
hoy será una obra maestra:
tus curvas son una isla desierta
en la que naufragar mis dedos,
tus piernas son el sitio de recreo
en el que divertir a mi boca,
y tus pechos, con su danza hipnótica,
hacen que pierda noción de las horas.

La noche se va a dormir y llega el día
y ambos nos vamos con la sonrisa cómplice
pero sin saber bien qué decir.
Han pasado dos años, y no espero noticias,
aunque sigo sabiendo qué es de ti,
porque sigo viéndote en Instagram,
especialmente cuando dejas más descubierto
aquel cuerpo que por una noche fue mío,
y en el que dejé cientos de caminos
que en este tiempo se debieron borrar.

Hoy te vi en una foto en París,
en una sesión de fotos en la habitación
de un hotel con vistas a la torre Eiffel
y no pude evitar acordarme,
no pude evitar gratificarme,
no pude evitar plasmar en un papel
lo que aquella noche nos sucedió
juntos en aquel hotel de Madrid.