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Vivero de poemas de toda una vida y de las de aquellos que pasaron cerca. Libre de prosa desde el 2012. Antiguamente, Poesías de una Noche de Verano
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jueves, 17 de marzo de 2022

22 horas en vela IV - Horas aún sin compensar

Ya despierto, pero sin la luz adecuada,
el sol me encontró pero yo a él no.
Mantengo una incombustible deflagración
y no queda fósforo ni madera.
Soy ceniza, soy la sombra de la cerilla
que aún vive con la cabeza inmersa
en un propósito que le costó la vida.

Pero yo sigo vivo, aunque vacío.
Y es que el fuego quemó las risas,
quemó las esperanzas y aquellos delirios
que hacían la vida un poco mejor;
dejando solo aquellos por los que vivo,
casi por no tener otra mejor opción. 

Estoy despierto pero, ¿a qué precio?
Sumo diez horas en todo el fin de semana
y las siete de hoy no están compensadas,
igual que diez mil matices negros 
no se ocultan tras un punto blanco.
La semana de nuevo se está acabando
y casi prefiero que así sea
porque, aunque me paso los días cansado,
los fines de semana comienzan
siempre con el pie equivocado.
Se sigue oyendo al fuego devorando
las cenizas de todo lo que arde.

Se acerca la primavera,
pero jamás pensé
que se sentiría una tan invernal
como se siente esta.
Parece que va a llover,
pero dentro de mí hace días
que no deja de diluviar.

22 horas en vela III - Cuando el sol me encuentre

Me muero de sueño 
y dudo que me quede mucho tiempo 
hasta que se cierren por completo
mis ojos y sean solo un recuerdo
todas las cosas que hoy sucedieron.
Estoy solo, pero estoy sereno:
se cierran mis ojos, me muero de sueño.
Creí que el sol me encontraría despierto,
al igual que ayer;
pero hoy me podrá ver
descansando entre versos incompletos...

22 horas en vela II - Noches extrañas

Últimamente me doy cuenta
que poco queda del monstruo
que hace mucho creí que era.
Estoy curtido, estoy pulido,
pero me he llenado de polvo
y he perdido casi todo mi brillo.

Últimamente me doy cuenta
que el verdadero problema
no es que yo sea un monstruo,
sino que el mundo está repleto
de personas sin ningún otro modo
de vivir que no sea hiriendo.

Y la verdad es que no podemos
pasarnos la vida matando monstruos:
hay que escucharlos y entenderlos
y hay que evitar hacer propios
los venenos que tantas veces emanan
y que se cuelan a veces en nuestras entrañas.

De nuevo, otra noche extraña
que continúa hasta que llega el día.
Algunas personas cambian,
algunos sitios se renuevan,
pero las sensaciones de este poema
duran para toda la vida.

22 horas en vela I - Absoluto silencio

Me tumbo en la cama,
después de un día tan largo,
y me es imposible dormir;
pese a haber ahora bostezado.
El silencio de nuevo me acompaña,
pero en mi cabeza hay demasiado ruido. 
La vida son solo unos pocos suspiros
y yo me paso la vida hiperventilando,
ahogándome más y más rápido,
sin sacar a veces alguna moraleja
y haciendo que, de vez en cuando,
me pase alguna noche en vela.