Un encuentro fortuito
me hizo conocerte
un momento muy bonito
me hizo quererte.
El lugar era la alameda,
el tiempo u atardecer de verano,
tus ojos tan azules como Urano
brillaban como una moneda.
Entonces nuestras manos se juntaron
y nos miramos a los ojos,
después de mil reojos,
nuestras miradas se cruzaron.
No sé si me quieres
yo siempre te he querido
no sé si me prefieres
yo nunca lo he sabido.
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