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Vivero de poemas de toda una vida y de las de aquellos que pasaron cerca. Libre de prosa desde el 2012. Antiguamente, Poesías de una Noche de Verano

domingo, 8 de noviembre de 2020

Voces bonitas

Reviso Instagram con indiferencia, 
publicación tras publicación,
hasta que mi automatismo cesa:
María está cantando una canción.
Me acuerdo de mis días bioquímicos
cada vez con un toque más místico
y me acuerdo de ella y de Nuria
y sus voces llenas de dulzura
que uno adoraría oír a diario
y jamás acabando harto.

Asocio ideas a la par que versos,
y a María se le unen en mi cabeza
las voces que algunas noches deseo
volver a escuchar casi tan cerca
como la vez que lo hice
en estos recuerdos tristes.
Fascina el poder que guarda Beatriz
cuya voz siempre me hacía feliz.
Me asombra el recuerdo de Sara
cantando a Nena Daconte como si nada.

Guardo aún audios que me mandó Irene
y que son mis versiones favoritas
de canciones que oí un millón de veces.
Pienso en la ironía de la cercanía
de la voz de mi querida Amparo
y como pese a todo la extraño
más aún que todas las demás.
Quizás porque pude cantar
con ella sin sentir ninguna vergüenza
y prendido por las letras.

Pienso en las ganas de volver a oír
la voz de Clara llena de gallardía.
Pienso en la calma que me hace sentir
la voz de Sara recitando poesía.
Pienso en la voz de mi madre,
cargada de felicidad radiante,
intentando regalarme sonrisas
incluso en los peores días.
Pienso en el coro en el que nunca canté
y en los que jamás lo volveré a hacer.

Pienso en la voz de Laura cantando,
calmándome en plena pandemia
y como, recostado en su regazo,
la vida este año me pareció bella
aunque fueran solo unos minutos.
Tan solo setenta y cuatro segundos
cantó hoy María y vino esta tormenta:
miro viejos vídeos de otras eras,
charlo con Amparo sobre mi nostalgia
y pienso si María se sentirá extrañada
si leyera algún día este poema.

domingo, 11 de octubre de 2020

Sonrisa enmascarada

Dicen que la vida,
en su crueldad infinita,
propone un problema interesante,
una ambivalencia constante
en la que vivir lo bastante
y ser un villano,
o morir joven y triunfante
como un héroe radiante
típico del cine americano.

Siempre se van los mejores
y mala hierba nunca muere.
La vida, exenta de vidas,
se centra en nuestras acciones
y en lo bondadosas que fuesen.
Y sin una fecha fija de muerte,
día tras día se sucede
la sentencia impía
por definir nuestra bondad.

La bondad es algo hermoso
a la par que arriesgado:
es vivir a veces preocupado
por las necesidades de otros,
por las necedades de otros
que poco les importa
lo mucho que te esfuerzas
lo mucho que los velas
o lo mucho que les aportas
hasta que te apartas.
Crees que aguantas,
crees que no existe el desgaste
pero, ya sea temprano o tarde,
llega y te arrasa.

Te miras al espejo,
ves tus ojeras
y tu ceño fruncido.
Te preguntas el motivo
por el que los sueños
se desvanecen con ligereza.
Preguntas algo sencillo,
un punto de inflexión,
alguna posible indicación
que marque inicio a tu decadencia.

Y casi sin quererlo,
lo encuentras:
una pandemia
y un corazón roto.
Al final, eso era todo
lo que hacía falta
para herir mi alma,
mancillarla,
deshumanizarla.
¿Madurez?
Más bien ponzoña.
Harto de ver que la vida me sabe a poca
y como mis sacrificios
perecen a costa
de los lujos del vecino
que eligió al terror como amigo
y a mí como su peor enemigo.

¿Culpa de la pandemia?
Como excusa no vale ya.
Siempre la misma cantinela:
inmersos en la decadencia
de una sociedad egoísta
donde el abuso de bondad
hizo al corazón mercantilista
y a la amistad utilitarista.
Nuestra pandemia más dura
es otra totalmente distinta
un virus cruel y sin vacuna
y que a menudo se cronifica.
Contagiosa es la avaricia
y no tanto es la bonhomía.
Mundo peligroso
este en el que el querer
es a veces más un negocio
que un placer
y se valora más ser malicioso
que ser alguien de bien.

La vida se hace pesada
con pensamientos tan deprimentes.
Para aliviar mi carga,
salgo a entretenerme
paseando sin ruta planeada.
Crecen en mí versos
de desilusión desmesurada.
Canciones y pensamientos
crean este poema de la nada
mientras pasos inconscientes
me llevan poco a poco a tu casa.

Me percato,
me acerco, te llamo,
paseamos un rato
y te marchas.
Cambiar unas cuantas palabras
es medicina para mi alma
y podré así con mayor calma
empezar otra enfermiza semana.
De vuelta a las ramas
por las que me voy en mi mente,
pienso sonriente
en los últimos versos de este poema
y en la bella moraleja:
que pese a este mundo tan decadente,
aún queda hueco para la esperanza,
aún puede volver a salir el sol
y que aún tengo tu sonrisa enmascarada
que, aun sin verla, me hace creer de nuevo en el amor.

domingo, 4 de octubre de 2020

Otra noche frenética

Puede ser que nos parezca
que este año es una pena,
con tanto tiempo recluidos,
con tanto tiempo divididos
El mundo en cuarentena,
la felicidad en huelga.
Pero aún no me he rendido
y menos estando contigo.

Ha habido días sufridos
y seguro que más quedan.
Pero los sueños y lo vivido
me dan aún mucha más fuerza.

Aún nos quedan muchos días
para ser un par de espías
en una Praga sumida
en la Unión Soviética.
Ser amigos de Al Pacino,
irnos al barrio judío,
infiltrarnos en un casino
en otra noche frenética.

Ser creativo siempre cuesta,
cuando te cierran las puertas.
Mas con solo un acierto
cambiarás el mundo entero.
Que en el viaje nunca importa
ni el destino ni el camino:
lo que queda en las historias
es contar con tus amigos.

Ha habido días sufridos
y seguro que más quedan.
Pero los sueños y lo vivido
me dan aún mucha más fuerza.

Aún nos quedan muchos días
para ser bardos y druidas
en reinos de fantasía
contra fuerzas maléficas.
Derrotando enemigos,
viajando por mil castillos,
forjando nuestro destino
en otra noche frenética.

No llega todavía
la nueva normalidad.
Tenemos tanta prisa
pero el virus no se va.
Y siguen nuestra vidas
y nunca podrán matar
todas nuestras sonrisas
ni nuestras ganas de soñar.

Puede ser que nos parezca
que este año es una pena.
Pero estando contigo
fue bastante divertido
El mundo en cuarentena,
la felicidad pelea
¿Cómo me siento tan vivo?
Será por estar contigo.

Aún nos quedan muchos días
para ser un par de espías
en una Praga sumida
en la Unión Soviética.
No hacer el mundo sencillo,
que nunca te dé un anillo
mas querer estar contigo
en mil noches frenéticas.

Aún nos quedan muchos días
para vivir bien la vida
habrá llantos, también risa
pero será muy épica.
Ya sea estando contigo,
ya sea con mis amigos,
mantendré mi optimismo
por mil noches frenéticas.

lunes, 31 de agosto de 2020

Viejas conversaciones

Echo de menos las noches
en las que se podía hablar.
Recuerdo las conversaciones
tan divertidas que surgían
cuando la cama te esperaba
Y tú la evitabas con una sonrisa.

Recuerdo los días antiguos:
la era del Messenger,
comentar mi show favorito
con el bueno de Alberto
o enredarme sin problema
conversando con Andrea.

Recuerdo el salto tecnológico
y las nuevas excusas:
Alicia con su proceder caótico,
Amparo y nuestras ralladas,
pero la reina de las noches
acabó por ser Clara.

Llenando mi mundo primitivo
de sus curiosas vivencias
Clara forjó para sí un destino
en el que jamás la querría perder.
Conversaciones infinitas
con las que aprender más de la vida.

Llegaron después más personas,
nuevas conversaciones
y con luchas por otra corona
que jamás Clara iba a poseer.
Noches que quisiera olvidar,
pero jamás de lo jamases podré.

Y poco a poco, el tiempo apremia
y cada año un poquito más.
Compañías, ya sean viejas o nuevas,
en las que ya no se sostiene
la palabra más allá de la una
por pena que eso me produzca.

Cosas de la edad, de la rutina,
de los dolores del pecho.
Querer hasta morir a Alicia,
pero no poder aguantar su ritmo
o no encontrarnos nunca
en un tempo que sea el mismo.

Cosas de la edad, de la rutina,
del pesar de mantenerse vivo.
Clara inmersa en la medicina.
Sé que será una doctora estupenda
y cuento vorazmente los meses
para charlar con ella físicamente.

Cosas de la edad, de la rutina,
de las oscilaciones caóticas del vivir.
Amparo y yo tenemos aún días
y noches para rayarnos con problemas.
Y ambos confiamos en que esto
siga sucediendo nuestra vida entera.

Cosas de la edad, de la rutina,
de las idas y venidas extrañas.
Sara cada día es más intensita
y seguro que algún día es capaz
de decirme que es lo que me pasa
para escribir sobre cosas tan raras.

Cosas de la edad, de la rutina,
de las decisiones irreversibles.
Hay palabras y personas malditas
y que viven ahora en mi recuerdo
porque no hay charla pendiente
ni un posibles reencuentro.

Echo de menos las noches
en las que se podía hablar.
Las infinitas conversaciones,
semilla de las mejores cosas
que en la vida me pudieron pasar
y que algunas noches ociosas
tiendo a añorar.