La lluvia golpeó los tejados
secó las sonrisas
dejó a todos deseando
el fin de esta tormenta
de primavera.
Miraba el cristal inquieto:
no era la lluvia
con la que a veces suelo
saltar, reír, enamorarme
o consolarme.
Pero simplemente era
una fase más
algo sin más trascendencia
que unos días de disgusto,
un pequeño susto.
Los rayos de un sol estival
salen de nuevo
para decirnos que paso ya
aquello que era lo peor,
que viene lo mejor.
Me haré viejo y los problemas
del crecer
serán una compañía eterna,
pero seguiré con ganas de luchar,
con ganas de soñar.
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