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Vivero de poemas de toda una vida y de las de aquellos que pasaron cerca. Libre de prosa desde el 2012. Antiguamente, Poesías de una Noche de Verano

miércoles, 25 de octubre de 2017

La paz perpetua

Un día voy a morir.
No es ningún supuesto,
y aunque siempre apuesto
por vivir para siempre,
no será mi caso.

Un día seré uno más
y moriré por falta de opciones.
Abrazaré la larga noche,
quizás haya un nuevo día,
quizás un buen hotel.

Un día seré un recuerdo,
una sombra que se agranda,
pues el olvido siempre trata
con crueldad a todos
los que hubieron partido.

Un día dejaré este mundo,
y otro día dejaré de existir.
Muy pequeño te hace sentir
el hecho de que tanto
vivido quede en nada.

Un día moriré, pero hasta
entonces, no habré dejado
nunca de luchar motivado
por mis bobas útopías
motor primero y último fin.

Un día dejaré de sufrir,
cuando las heridas recaigan
sobre partes gangrenadas,
como mi espíritu, mi sonrisa
o mis razones de lucha.

Un día la lluvia volverá,
y un día el sol volverá a salir,
pero nunca me libraré de morir,
nunca me libraré de la guerra
asediando mi mente.

Un día los sueños se harán
una realidad tangible.
Un día serán felices,
pero nunca seremos, porque
nunca lo viviremos.

Un día todo acabará.
No importará la trascendencia,
será el fin de la existencia,
será el fin de la lucha,
¿será la paz perpetua?

Un día os estoy contando,
pero hasta entonces las guerras
no cesarán aunque lo quiera.
La aventura continúa,
la esperanza se levanta de nuevo.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Xenos: cara A

A veces la vida solo son
gotas de agua que tocan,
que mojan, que calan
y que matan mientras lloras.

La inocencia es un don
que no a todos les corresponde,
pues muchos saben demostrar
que el hombre es un lobo para el hombre.

Una diferencia pacífica
es razón suficiente
para que una mayoría malvada
olvide cómo ser indulgente.

La clase un campo de batalla,
los libros, diana y trinchera,
el patio mi templo y yo su ermitaño:
la soledad me alivia y me envenena.

¿Por qué? Si no te he hecho daño.
¿Qué ganas haciéndome tanto daño?
¿Tanto te molesta que crea
distinto a lo generalizado?

Que mi casa ya no es refugio
mientras saltan los mensajes,
pues tu acoso se traslada
también a las redes sociales.

Yo ya no puedo seguir
viviendo bajo tu tormento,
viviendo bajo tus humillaciones
viviendo sin risa y con miedo.

Y nadie le para los pies,
ni compañeros ni profesores.
Todos serán cómplices de mi muerte,
pero muchos serán los primeros que lloren.

Tú ganas, porque me has quitado
todo sentido a mi existencia.
Digo adiós al estrés y al insomnio,
digo adiós a tu crueldad sin clemencia.

Los verdugos serán de mil formas,
las víctimas de mil modos.
Pero, si no le ponemos remedio,
solo habrá un fin para este acoso.

lunes, 11 de septiembre de 2017

La luna y el viento

Este poema comienza
sutil, como el reflejo
de la luna llena
en un estanque,
solo para encontrarse
con un pétalo cayendo
que nubla la imagen.

Un crescendo paulatino
prosigue a continuación.
El pétalo danza movido
por el viento.
Parte a su paso el espejo
que antes la luna usó
para ver su aspecto.

Más pétalos arrancados
por el viento que
los mueve ocultando
a la belleza nocturna
que es la bella luna.
Se la oye desfallecer
y desear estar oculta.

El viento, que la oye,
crea un gran tornado
para una gran noche.
Los pétalos forman
perfectos ahora,
dando lo deseado
a la luna que llora.

El viento, no conforme
lanza al cielo infinito,
cientos de flores
a la expedición suicida
de hacer que sonría
la luna que da brío
a las noches más sombrías.

Los pétalos dan vueltas
sobre su mundo,
mientras en su tarea
el viento persiste,
buscando lo imposible,
pero os aseguro
que él nunca se rinde.

Porque cualquier poema
es bella alegoría
de mi existencia
junto a ti.
Yo seré tu viento afín
y tú la luna que sonría,
por siempre y hasta el fin.

Porque daré toda entera
mi vida a hacerte
bellos poemas
que te puedan retener
esa sonrisa en tu tez.
Que siempre voy a quererte
y que nunca te quiero perder.

domingo, 10 de septiembre de 2017

El sueño más grande

Tenía quince años
y soñaba con ser feliz.
Quería encontrar el amor
ese era mi fin.
Iba quedando prendado
bajo presunta atracción
de chicas de ensueño
que se quedaron en sueños.

Crecí buscando respuestas,
y buscando cómo amar.
Pero no entendía nada,
solo sabía lloriquear
en envenenados poemas
que nada ocultaban
tras el arte estético
de mi sentir patético.

No me rendí nunca,
pues mi gran sueño era
demasiado grande
como para que se fuera.
Debía seguir mi lucha
contra aquellos gigantes
que solo eran molinos
en mi intelecto reducido.

Fue entonces cuando
te conocí por sorpresa.
Principios confusos
para llegar a la primavera,
en la que me quedo claro
que un amor infuso
había llegado a mi vida,
había llegado a mi poesía.

Te hice mi inspiración,
del agua la ninfa.
Jamás en la vida tuve
mayor inspiración divina
que cuando con pasión
tu amor hasta a las nubes
le cantaba con una sonrisa.
Pero esto aún no termina.

Tú, el mayor ejemplo
de que la serendipia
es algo que es real.
Que después de tantos días,
aún te rimo en mis versos,
aún suspiro con pesar
cuando toca despedirnos
y callo más de lo que digo.

Porque me faltan vidas,
días repletos de tu esencia,
para decirte lo mucho
que mejoras mi existencia.
Porque eres la mejor poesía,
ese sueño que, inconcluso,
agarro entre mis manos
y le repito lo mucho que lo amo.